No me confundo; los ojos fueron el primer síntoma y la señal comprometedora se dio en día festivo a hora en punto.
No me olvido; el cielo era claro y la comida gourmet.
No me pierdo; los recuerdos, ni con la mala memoria dejé ni con la buena regresé, como esfumino en placa de carbón, ligeros cual sombra, viven en la parte trasera del cráneo; donde el sol golpea sin doler y la luna sin gemir; donde nada refleja con un cerillo de madera; donde el corazón reboza las emociones y el cerebro la lucidez de las extremidades; donde se guarda el genio de la materia cuasi gris de lo inefable; donde las entrañas vuelven a parir en forma de sueños...
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