Suelo despilfarrar mis lágrimas pero la garganta no me arde y puedo ahorrar saliva,
de esa que hay que tragar para fingir que el llanto no se quiere escapar desde la laringe...
Quiero recordar qué se siente que las manos no tiemblen y el estómago no arda; una mirada que no tenga que huir; sentarme en flor de loto a la falda de la montaña de los sueños y temblar de frío o de miedo; que las musas, ángeles y deidades que fragilizan la realidad, me acerquen un poco más a sonreír; que se me enfríe la mente, pero, que el ardor que me recorre las venas, llegue al pecho llenándolo de amor, y ese, nunca se vaya... ni en lucidez...
Me compraré sábanas de satén y dormiré desnuda.
Y, una noche, flotaré sutilmente hasta la cima montaña para pedir perdón y despedirme de la pesadilla;
cuando abra los ojos estaré cubierta de flores aromáticas y vestida con una sonrisa;
despertaré mis oídos y la música permanecerá sempiterna en mi sangre para calentarme las emociones...
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