No es una despedida; es uno de esos besos que se dan interrumpiendo una conversación porque el instinto y las entrañas pueden más que el intelecto; de esos que saben a miel porque se disfrutan antes desde la imaginación; de los que, cuando se está solo, se añoran y cuando se está acompañado, avorazan.
El puro beso es un preludio, pero, si las emociones se soban y los sexos se frotan, surge luz y música.
De esos besos que parecen imaginación; que son una epifanía espiritual, un baño de rosas con oro; un orgasmo inesperado en un momento de frigidez; son la humedad del cuerpo, la desviación de la mente hacia la voz, el olor y los ojos que están benditos por el universo; el cuello y, esos besos, son sagrados...
Excelente descripción de esa clase de beso!
ResponderEliminarCreo que tienes la habilidad de transmitir muy bien las sensaciones... echas a andar la imaginación del lector, y los sentidos :)